jueves, 10 de julio de 2014

Travesía a Jostedalsbreen, Breve relato de la primera expedición chilena Parte 3

... Al cuarto día debíamos llegar a una zona llamada Ramnane, pero Decidimos seguir la huella de los  renos una vez más y éstos, finalmente  nos llevaron a un punto totalmente diferente del planeado, de vez en cuando la intuición nos juega alguna broma ...

El sol ya se estaba poniendo en el horizonte y comenzaba a tomar  esos hermosos tonos anaranjados mezclado con el gris de las nubes y calculo serian cerca de las doce de la noche, suena muy raro decir , estaba atardeciendo a las doce de la noche , pero era lo que ocurría, el día polar en estas latitudes no tiene piedad para con la oscuridad ...

Algunas nubes lenticulares se movían rápidas, como platos invertidos lanzados por los Dioses .




Extenuados, armamos campamento, cosa que nos llevo un largo rato,como todos los días, soplaba una brisa fría pero sacábamos calorcito tirando la pala para construir una terraza donde armar la carpa, una vez instalado el campamento  entramos a nuestro cubil y comimos opíparamente, con el hambre que dejan las jornadas largas y el enorme esfuerzo de cargar con tanto peso…( quiero aclarar que Marcelo es un excelente cocinero de montaña, yo también pero cuando puedo evitar cocinar lo evito, no así en casa , donde soy un verdadero desastre culinario por decir lo menos.) 

Marcelo me enseñó una receta noruega a base de mantequilla, avena, sal, azúcar, almendras y otras cosas que nos daba energía para todo el día, no recuerdo el nombre de este manjar-junje pero estaba muy bueno, comíamos  una comida abundante y fuerte en la mañana y el resto del día  lo pasábamos con golosinas y ración de  marcha, (maní, galletas, chocolate etc.) que nos daban energía para continuar poco a poco  hasta la próxima comida de la noche que también era fuerte).





El seguir los renos nos llevo a una hondonada sumamente bonita, un verdadero balcón hacia los fiordos del oeste, el sol se ponía de color rojo, la temperatura bajaba y nosotros no parábamos de exclamar lo bonito que era aquello, estábamos en un palco privilegiado de contemplación geográfica, hacia abajo se abría un bello fiordo muy profundo, al frente las montañas se elevaban vertiginosamente desde la profundidad hacia el cielo,  algunas nubes casi a ras del horizonte daban un toque grisáceo a esa postal y nosotros dos Chilenos haciendo patria en el confín del mundo, cruzando el campo de hielos más grande de Europa continental, los dos primeros chilenos y quizá los primeros sudamericanos en hacerlo, observando y disfrutándolo, benditos renos..., bautizamos el campamento como “ Campamento Renó”…( en alusión a los renos y a los automóviles Renault)... no se por qué... cosas de gente cansada...




Cada vez que armábamos campamento nos dábamos el trabajo de construir también un baño, generalmente me encargaba yo de la construcción de esta "vital forma arquitectónica" y en los últimos días llegue a perfeccionar la técnica de tal forma , que contábamos con el mango de una de las  palas de nieve que servia de baranda para mantener el equilibrio, un pozo para las heces , las que quedaban muy profundamente ocultas una vez que teníamos que irnos de ese lugar y siempre llevaba una pared de nieve para impedir que el viento nos helara la retaguardia...



(criticábamos ferozmente los campamentos que existen en los glaciares donde todo queda al aire libre), hasta un lugar para poner el papel higiénico teníamos últimamente, solo faltaba diseñar una forma para apretar un botón o tirar de una cadena y tener así un chorro de nieve o agua que se llevara  todo, eso queda como tarea para el futuro ....




El baño además siempre quedaba separado de la carpa para poder estar mas tranquilo en ese momento tan íntimo ...


Al día siguiente, quinto día, era imprescindible salir de la meseta, ya el cielo había amanecido bastante gris, aunque de a ratos abría con un fondo azul y el sol entrando directo, pero al rato se volvía a cerrar, el barómetro amenazaba bajando rápidamente, el viento había aumentado un poco la intensidad... se acercaba una tormenta ...





Íbamos contra el reloj, pero cada vez que podíamos nos afanábamos con la carta topográfica y el GPS, era muy difícil ya que perdiéramos el rumbo , pero mejor no nos confiábamos y los aciertos de Marcelo en el mapa, me indicaban que era un gran navegante, yo seguía navegando mas con la intuición...



Mis heridas en los pies habían empeorado considerablemente al punto de convertir en un suplicio el ponerme las botas en la mañana, podía tardar el doble o el triple que tardo en condiciones normales en ponérmelas (las ampollas se habían reventado y se habían convertido en feas heridas que amenazaban infectarse, y que a la larga lo hicieron, había que salir, para salir había que avanzar rápido…) pero avanzar rápido significaba mas dolor, mas fricción, mas destrucción de capas de piel.

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Cada vez que comenzaba a caminar por la mañana empezaba otra vez el dolor, y al quitarme las botas en la tarde-noche no podía evitar pensar en que al ponérmelas en la mañana siguiente, el suplicio comenzaría de nuevo, todo éste solo pensamiento desgasta mucho y yo había empezado con el dolor desde el segundo día, ya era casi insoportable, sentía como si me frotara con un pliego de papel lija, me ardía y quemaba a la vez... aún hoy estando en casa y después de un mes de haber regresado tengo secuelas de las benditas y bien ganadas ampollas.








Parece una pequeñez, pero cuando te encuentras en un lugar tan aislado, una simple molestia como una ampolla se convierte en un tema complicado y yo no tenia solo una ... ( moraleja, no debo usar nunca mas un zapato nuevo...lo sabia pero era lo que había)

foto: tomada en casa varios días después de llegar, ampolla del pie izquierdo ya reventada.




La última  noche dormimos solo 3,5 hrs. Nos levantamos y seguimos hacia el sur-este, hasta llegar a Bings Gryte, el punto más angosto del campo de hielo, aquí es posible contemplar hacia ambos lados de la meseta como se descuelgan de ella sendos glaciares en busca de las tierras bajas, mostrándonos su erizado lomo de seracs curvándose al descender y un bonito circo glaciar en formación que deja al descubierto muchos estratos nivales que nos señalan la continuidad del crecimiento o decrecimiento año tras año de las nevadas de la zona.

Aún quedaba una distancia aproximada de 16 kilómetros en línea recta pero veíamos como nos acercábamos lentamente a la meta  propuesta.

metro a metro, kilómetro a kilómetro avanzábamos, la nieve cada vez mas pesada se estaba volviendo una sopa con la humedad que reinaba en el ambiente, cada vez las nubes estaban mas bajas.

Subimos calzando los esquíes de randoneé una empinada ladera que no admitía errores, cambiamos de rumbo y enfilamos recto hacia el Sur, una vez ya en la meseta después de pasar los cerros Grensevarden y Mikkelvarden y acercándonos al Supphellenipa, en medio de una gran llanura, sentimos  el ruido que produce un gran motor, cada vez más cercano, en el cielo desde el norte se acercaba el Helicóptero del escuadrón 330 de rescate Noruego, (catalogado como uno de los mejores cuerpos de rescate del mundo).



Nos pareció la visita más grata que podíamos recibir en ese instante, nuestro primer contacto con gente desde que entráramos al glaciar mas al norte en Erdalsbreen, el Helicóptero venia directo hacia nosotros, hizo un medio giro mientras nos observaban desde el interior, pensé en hacerles una seña de amistoso saludo, pero ante la perspectiva de que pensaran que necesitábamos ayuda y aterrizaran para sacarnos de allí, mejor me quede quieto, Marcelo me miraba quien sabe si pensando en mis pies heridos y yo pensando a la vez ...ni se te ocurra... ya solo nos faltaban 9 km y no iba a renunciar a ellos ni por todos los helicópteros del mundo, aun que ganas de que de allí me sacaran no me faltaban...



finalmente después de un par de minutos en que nos observaron y vieron que estábamos bien, el helicóptero enfiló hacia el sur moviendo un poco su pesado cuerpo en el aire, nos señalaban hacia la salida del glaciar, hacia donde ellos se dirigieron como diciéndonos, "sigannos, es por aquí "




Recorrimos los últimos kilómetros callados, meditando, contemplativos, pasábamos esquiando los últimos cientos de metros por el glaciar plano, disfrutando la lenta bajada, nunca en todo el trayecto tuvimos una pendiente agradable de esquiar, generalmente las bajadas eran cortas y no muy empinadas salvo al principio cuando bajamos del primer campamento, pasábamos por sobre las grietas del glaciar que iban apareciendo, faltaba muy poco para llegar al refugio de Flatbrehytta donde pensábamos que terminaba la expedición.



Muy grande fue la sorpresa al llegar allí después de una bajada en esquíes extenuante , corta pero pronunciada, y encontrarnos que desde la cabaña del refugio había una bajada de 1000 metros de desnivel hasta el fiordo, una bajada por una huella apenas marcada que se podría calificar de muy peligrosa en las condiciones en que veníamos, demasiado cansados.






No existe un sendero propiamente tal, se esta construyendo en la parte baja un acceso hasta el refugio pero aún falta mucho para poder llegar allí, además lo que se esta construyendo sigue siendo igual de pronunciado y da la impresión que las personas a cargo no conocen lo que es un zig zag, para colmo de males la roca allí existente es lisa y cubierta de musgo y líquenes.

Un ligero error y podríamos haber bajado mas rápido de lo que debíamos, así que a cada paso extremábamos cada movimiento.

Habíamos pensado en quedarnos allí, pero lo mas acertado que pudimos hacer fue bajar, con mucha precaución, el cielo nublado nos acompaño hasta que fue reemplazado por el dosel del bosque boreal noruego, una maravilla de sensaciones a pesar de lo cansado que me sentía, muchas mariposillas semi-nocturnas  revoloteando a mi paso, el canto de innumerables aves, nuevamente el color verde de las plantas eran un descanso para mis ojos cansados después de ver blanco y mas blanco los días anteriores...

finalmente salimos del bosque y nos estaba esperando el taxista que habíamos contratado previamente quien nos llevo hasta la cabaña que teníamos reservada para esa noche o día, en este caso daba lo mismo...no oscurecía... cuando llegamos eran las dos treinta de la madrugada y estaba ya muy claro...

Me dormí con la extraña sensación que deja el terminar algo tan cansador, también me dormí pensando en que lo habíamos cruzado...que bien me sentía, habíamos cruzado el campo de hielo de Jostedalsbreen, el campo de hielo mas grande de la Europa continental, de norte a Sur a lo largo...y eramos los primeros chilenos en hacerlo... técnicamente chilenoespañolnoruegos ...










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